Ases Falsos – Conducción

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Por acá estamos muy callados pero el nuevo disco de los chilenos Ases Falsos bien vale un grito de recomendación para todos nuestros lectores. Conducción (2014) es el segundo material después del exitoso Juventud Americana (2012) y sigue siendo la expresión de una propuesta musical sin camisa de fuerza, complejos ni mucho menos pretensiones conceptuales, en ningún momento descuidando la calidad musical que la banda viene demostrando desde sus años como Fother Muckers.

Lo que se extraña en Conducción es cierta furia y energía que había en el disco debut pero no nos detendremos en ello (al parecer Cristóbal Briceño, vocalista y compositor las descargó a fines del año pasado en Diez Primeras Canciones, el primer álbum de su más reciente proyecto musical llamado Las Chaquetas Amarillas); en cambio, apreciamos la musicalización de guitarras inquietas y ritmos coquetos que propician el movimiento, la presencia de instrumentos de viento y cuerdas que crean atmósferas orquestadas (Yo no quiero vivir) y, en otros momentos, bucólicas (Una estrella que se mueve), sin dejar de lado el gusto por la exploración juguetona e irónica para acercarse a las melodías del formato de canción radial que parece ser la influencia directa de Briceño y donde mejor se siente la banda.

Como ya se ha dicho anteriormente en minúscula, Briceño es especialista para el escape, la huida constante, el movimiento, difícil de aprehender y, además, parece impregnar parte de su mundo propio en cada proyecto que emprende y lo demuestra desde el primer corte del disco. Mantén la conducción bien podría pertenecer a lo que hasta el momento ha editado con Los Mil Jinetes, otro acto musical que comparte a dúo con Andrés Zanetta. Acá con un marcado protagonismo de la flauta traversa que evoca un paisaje natural montañoso, los demás sonidos se van sumando para marcar un ritmo que dibuja la sensación de una partida, de un viaje. Es una gran canción y es la introducción a la temática que se respira en todos los temas: la celebración de la búsqueda de una libertad que otorgue un significado propio a la vida, con la conciencia de conducir por un camino que no está exento de riesgos (La gran curva), confusión (Niña, por favor) o rabia (Tora Bora).

“Quiero ver al sol. Mantén la conducción. Ver sangre correr. Maneja que después habrá tiempo para hablar de la confrontación, antes vamos a sondear la gruta personal. El camino se tiñó de oro y me perdí. Me costaba definir la fuente de la luz. ¿Es albor o atardecer?”. (Mantén la conducción).

Es inolvidable la advertencia que encontramos en un tema del disco anterior: “No soy y nunca seré un artista nacional, no te voy a revelar un frágil mundo interior. Solo te voy a sacudir” y aunque por momentos encontramos ciertas frases que podrían ser confesionarios de una debilidad sentimental que emociona por su simpleza y honestidad: “Te amo de manera insensata y verdadera, imprudente y convincente” (Simetría); entrega a la nostalgia que produce alguna sonrisa cómplice: “El asfalto no podrá olvidar tu silencio duro de ultramar” (Ivanka); o imágenes bucólicas que nos pintan cierta contemplación digna de una captura con Instagram: “La luz del día veló tu expresión, en la humedad de un sauce la noche esperé” (Una estrella que se mueve); las canciones no se agotan en los lugares comunes y funcionan dentro del alma del disco como corrientes de aire fresco a esos pasajes de aturdimiento y extrañeza que, efectivamente, nos sacuden por su provocación: “La fuerza de una idea no depende de una masa. Como el caso de una marcha. Nos conmueve la entereza de cada canción pero son frases hechas que se olvidan con facilidad. Después de unas cervezas nadie sabe dónde quedó la rabia” (Búscate un lugar para ensayar); brillo: “Soy mi propia carne de cañón y mi conspirador” (Mi ejército); lucidez: “Yo no quiero volver a depender de la tele, a depender de los diarios, a depender de la radio” (Yo no quiero volver); aspereza: “Escuché tu precaución. Entiende no hay confianza para ti, vienes con la solución a un problema que no puedes escuchar” (La gran curva); carnalidad: “Tengo un lugar donde aflojar la correa de mi instinto animal y solo ahí tras la pared hago cosas que no imaginas” (Cae la cortina) e inevitable contradicción: “Pensé en la enorme distancia que hay entre los dos; a veces gusta, a veces duele” (Plácidamente).

En todos los casos, lo que siempre sorprende y se agradece es que la banda tenga esa facilidad para entregar un producto compacto de arreglos musicales y composiciones líricas que no son meras canciones bonitas y pegadizas ni enérgicas y políticamente correctas. Hay una apuesta sin concesiones por la canción inteligente que desafíe nuestro concepto de la fórmula y, a la vez, un notorio placer por elaborar hits que, si bien no suenan en las radios, siempre repercutirán en la mente y en el corazón de aquel amante del pop que se acerque a ellos.

Conducción es editado y distribuido por el sello chileno Quemasucabeza y puedes escucharlo completo a continuación:

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