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Para empezar a vivir

Te ofrecemos algunas razones (vitales) sobre por qué es importante leer “Contarlo Todo”, la primera novela de Jeremías Gamboa

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Una vida cobra sentido sólo cuando es narrada. Contarlo todo, la primera novela de Jeremías Gamboa, cuenta la historia de Gabriel Lisboa, un joven peruano que recuerda sus años de estudiante y luego de periodista mientras busca intensamente la respuesta a una pregunta para él esencial: ¿en qué consiste escribir?. El resultado es una novela de testimonios y confesiones juveniles, que a riesgo de parecer por momentos ingenua, termina siendo una apuesta valiente por confesar todos los miedos y dudas que se esconden detrás de una vocación literaria. Su fuerza radica justamente en exponer y enfrentar esa inocencia. Contarlo todo es entregarlo todo. Y para ello Lisboa –cuya vida se asemeja tanto a la del propio Jeremias Gamboa que bien podemos entenderla como una novela autobiográfica- regresa su mirada hacia sus primeros años de adolescencia, desde que era un estudiante y practicante de periodismo hasta el momento que decide abandonar su profesión para entregarse de lleno a la literatura. En el transcurso de ese tiempo -que se deja leer con facilidad aunque se trate de un libro de 500 páginas- se percibe una voz honesta y tierna, un estilo legible y llano, sin complicaciones ni pretensiones, una voz diáfana donde el narrador deja abierta sus heridas para que te hagas lector y cómplice de su entrega.

…Había algo en mí, me decía, tendría que haber algo en mí que me definiera más allá de cualquier lenguaje y cuya forma todos, incluido yo, ignorábamos, del mismo modo en que ignorábamos la manera en que esa forma podría ser revelada. … No tenía la más puta idea de cómo “yo” me podría enseñar a mí mismo a escribir lo mío si precisamente era yo quien ignoraba todo…ahora me daba cuenta de que saber usar el lenguaje, colocar puntos y comas y no cometer errores sintácticos no me servía para nada porque no sabía cómo empezar a decir algo que sonara a mí, que pareciera mi voz en mi ausencia.

Buscando la voz propia

Gabriel Lisboa vive en casa de sus tíos en Santa Anita, un distrito alejado y de clase media baja de la ciudad de Lima. No tiene los recursos para pagarse una educación de calidad pero gracias a su dedicación y esfuerzo, consigue una beca en una de las universidades más caras del Perú. El hecho de estudiar de manera gratuita recalcará su sensación de no formar parte de ese mundo pero a la vez será un estimulante para pelear una plaza en un lugar que en principio no le corresponde. Esa misma lucha por sobrevivir y destacar es una constante en su vida, pero sería injusto reducir esa experiencia en un típico modelo de éxito y emprendimiento. Porque el esfuerzo de Gabriel Lisboa nace de una búsqueda interior, no de un reconocimiento social ni una satisfacción económica. Su progreso es un viaje hacia adentro, un viaje que no se detendrá hasta que pueda plasmar sus propias palabras. Prueba de ello es que a pesar de que fue escalando en sus logros profesionales, Lisboa terminará no sintiéndose bien en ningún lugar y abandonándolo todo para estar frente a la pantalla de su computadora, y es que ¿no es acaso el escritor un exiliado de su propio entorno?, ¿un condenado a alejarse de todo para luego poder conectarse con todo?. Al salir de la universidad y luego de un proceso de adaptación y aprendizaje, Gabriel Lisboa consigue un trabajo soñado: ser editor de una de las revistas más importantes y leídas del país. Lo tiene todo y por un corto periodo su vida se desborda. Conoce el exceso, la vida cara, la cocaína, las putas, las discotecas, la noche y la vida bohemia. Sin embargo esa experiencia frenética lo llena de hastío y vacío existencial a tal punto que se siente asqueado de su vida y su entorno. De esa experiencia nace una revelación esencial: que la vida puede ser manipulable, como la creación de una novela.

… Descubro con una claridad imposible de verbalizar aquí que mi vida tal como está se ha estrellado contra un muro de concreto armado y la única manera de sobrevivirme es asumir que ella era algo así como una novela que aún no se había escrito y que yo realmente podría empezarla como me diera la gana, o que, más bien, pensándolo mejor, había empezado hacia centenares de páginas, pero como tal podría cambiar de un capítulo a otro, de una sección a otra, de una línea a otra simplemente porque nos dimos cuenta de que hemos escogido mal la estructura, el punto de vista, el estilo. Porque ella, la vida, como un manuscrito en proceso podía reescribirse. Y entonces yo tendría la oportunidad de reformular ciertas frases y suprimir otras, buscarme personajes, quedarme con los que me gustaran. Empezar una vez más.

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Nada heroico

La historia de Gabriel no hubiera sido la misma sin la complicidad de tres amigos, protagonistas esenciales de la novela. Primero está Santiago Montero, compañero de universidad con quien compartió su interés por la poesía y con quien asumía una vida entregada a la literatura como si fueran “francotiradores” escondidos. Luego llegaron Bruno Lorente (Spanton) y Jorge Ramirez Zavala, amigos con quienes formarían un “conciliábulo” que consistía básicamente de conversaciones sobre libros, confesiones amorosas y borracheras por los bares de Barranco y Miraflores, viajando en el auto de uno ellos al cual llamaban “el corazón azul de la locura”. Gabriel Lisboa los describe como “veteranos de guerra de esa década de los noventa que ya había desaparecido…sobrevivientes de una serie de familias forjadas en el dolor”. Ellos conformaban el territorio emocional de Lisboa. Eran como los cuatro puntos cardinales hacia donde se direccionan los anhelos y las angustias de unos jóvenes de clase media que también pueden ser las voces de toda una generación: el paso de los 20 a los 30, la presión de decidir entre conseguir un trabajo y hacer realidad tus sueños; mientras la vida sigue su curso y los obliga a tomar decisiones. Todo ello en el contexto de ser chicos “normales”, con el cariño sincero y horizontal de “patas de barrio”. Olvídense de personajes malditos o atormentados que ponen en riesgo su vida. Todo lo contrario; eran chicos conscientes de su entorno y sus carencias; habían decidido llevar una vida ligada a la literatura (lo que sí supone un riesgo), pero lo hacían con el empuje y la modestia de quienes saben dónde están parados.

…A lo mejor éramos chicos demasiado simples, bastante alejados de quienes vivían una vida interesante… lo único que hacíamos era reunirnos en su casa a escuchar música y a conversar en lugar de estar haciendo algo realmente increíble, o algo muy violento, o quizás despiadado, o definitivamente deslumbrante. Llevábamos una vida ordinaria y parecía que no tuviéramos la voluntad, ni el arrojo de vivir algo distinto. Yo lo escuchaba y lo veía allí, con sus zapatillas All Star y sus camisetas de colores y me veía a mí con mis zapatos de liquidación y las chompas de lana que me tejía mi tía y me decía secretamente, aunque con rabia, que él tenía razón… nadie podría escribir nada sobre ese momento simple y gris que vivíamos ambos en ese instante… No había nada heroico en nosotros.

El espejo en que nos vemos reflejados

Hasta el momento la promoción y la exposición mediática del libro se está dirigiendo por terrenos que tienen que ver más con un producto comercial que con una experiencia lectiva. Haberlo llamado apresuradamente “Nuevo Boom Latinoamericano” o de querer presentar a Gamboa únicamente como un “peruano emprendedor exitoso”, podría generar cierta antipatía o rechazo en las personas que desconfían –con razón- de esa manera simplista de promocionarlo. No sé si sea el momento de celebrar al “nuevo Vargas Llosa”, esas calificaciones no deberían ser importantes ahora, solo el tiempo podrá emitir eso juicios. Lo cierto es que Contarlo todo es un libro valioso y que debe ser entendido como una novela de aprendizaje. Tanto para el escritor como para el lector. Porque uno de los caminos para disfrutar la novela es a través de la identificación con la lucha que tiene el protagonista por convertirse en lo que quiere ser. Si uno se olvida de los cinismos, se contagiará de su mirada honesta. La lectura de este libro te devuelve la fe de creer que tu propia vida se puede convertir también en una experiencia literaria. Porque, al fin y al cabo, el faro que ilumina la vida de Gabriel Lisboa, a veces intensa, a veces común, termina siendo el mismo faro con el que se ilumina tu propia vida.

Tu rostro es gracioso; no eres feo ni guapo. Tienes una mirada un tanto sombría que a veces suelta chispas de luz. Tienes la nariz de un león, o de una criatura semejante, y tus marcas, las de la piel, me parecen más la de un animal ya viejo, que ha peleado muchas batallas, que ha salido magullado de muchas de ellas. ¿De qué te ríes? Tus cabellos me encantan: son finos y muchísimos y siempre están alborotados… Tus ojos son pequeños, como los de esos niños que hay en las calles, los que piden propina en los autos y eso…Eres un tipo extraño Gabriel. Cuando te conocí me costaba saber de dónde venías o dónde vivías. Es como si hubieses llegado a mí desde ningún lugar. ¿sabes? Un tipo mestizo, por ratos algo blanco, por ratos algo indio, no sé, un tipo que es como varios a la vez y oscila, como los camaleones… Sé que perteneces a este lugar que me pareció tan extraño al principio, a estos libros, a esos cuentos que intentas escribir…

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*Fotografías de Cristias Rosas, El País (la primera) y de Carlos Galiano (la segunda)

*Los textos en cursiva son extraídos de la novela Contarlo Todo, de Jeremías Gamboa, publicada por Penguin Random House, Barcelona 2013.

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