cristóbal briceño

estrella solitaria

Aunque todavía se trate de un desconocido para el resto de latinoamérica, el músico chileno líder de Ases Falsos viene forjando una destacada trayectoria a base de ingenio melódico, humor e irreverencia pop.

Cristóbal Briceño es un artista en fuga constante. Después de seis años y cuatro discos con Fother Muckers, decide dar un giro insólito y cambiar el nombre de la banda para llamarse Ases Falsos, dejando de lado el posicionamiento y la trayectoria ganada. Eso sumado a Mil Jinetes y a sus otros proyectos musicales que emprende casi siempre con los mismos músicos, y la constante grabación de nuevas canciones, lo convierten en un compositor prolífico y movedizo, de difícil clasificación y nada temeroso de asumir riesgos. Alguien que siempre está dejando de ser algo para convertirse en otra cosa.

Pero ante todo, Briceño es esencialmente pop. En uno de sus proyectos paralelos llamado Cristóbal Briceño y La Estrella Solitaria, el músico chileno interpreta canciones de Chayanne, Los Ángeles Negros y Jon Secada. Hasta hace unos años atrás eso hubiera sido impensable viniendo de una escena independiente que busca tomarse en serio a sí misma. Sin embargo, ahora su propuesta resulta refrescante, desmitificadora y tan llena de buen humor que nadie en Santiago se atrevería a menospreciarla. Todo lo contrario. Las presentaciones han sido un éxito y la gente accede al juego y la pasa bien. Esta iniciativa no solo es ingeniosa, sino que además nos ofrece una de las puertas de acceso directo al mundo musical de Briceño. A su afán por componer canciones melódicamente perfectas, sentimentales y sin ningún pudor por conquistar a la multitud, ¿alguien podría juzgarlo?

Salto Alto

El primer disco con Ases Falsos se llama Juventud Americana y es un verdadero punto de quiebre con lo anteriormente logrado con Fother Muckers. Si tener que desligarse completamente de su sonido inicial, la banda logra un verdadero salto alto en la composición de las canciones. Juventud Americana es un pop inteligente y enérgico, con giros inesperados y lleno de detalles que parecen caprichosos a la primera escucha pero que luego te resultan inevitables y muy bien pensados. El resultado son canciones que se parecen a montañas rusas emocionales. Uno se deja llevar con facilidad por la trama sonora de cada track y termina conmoviéndose con sus cambios de ritmo. Cuando parece que será una melodía melancólica  termina siendo algo explosivo gracias a los punteos vibrantes de Martín del Real, la primera guitarra de la banda.

Pero Briceño es un artista escurridizo. Es un músico que funciona por oposición,  alguien que utiliza la libertad como horizonte narrativo. “El cambio airea, y te da una sensación de vértigo e incertidumbre que nos gusta” afirma Briceño en una de sus tantas explicaciones a su constante volatilidad y su gusto por contradecirse a sí mismo. Porque, por ejemplo, a pesar de tener canciones con un gancho comercial que podría llevarlo fácilmente a las radios, él complica un poco las cosas y nos presenta letras con contenidos inusuales, desconcertantes y provocadores. A veces demasiado irónicas o ácidas, a veces juguetonas o ingenuas, pero siempre un desafío antes que una simple canción pop con estribillo fácil. Una característica importante también es su sentido del humor, que Briceño no solo utiliza para quitarle solemnidad al mensaje, sino también para influir de una manera impredecible, de tal manera que sus letras terminan causando una impresión extraña, dando vueltas en tu cabeza, buscando significados que van en muchas direcciones. En Juventud Americana, Briceño habla de temas tan diversos y peculiares como la migración africana desde una perspectiva intimista en Venir es Fácil, sobre el viaje nocturno de Mahoma a Israel para conocer a Dios en Séptimo Cielo, la intuición de los animales por el bien en La sinceridad del Cosmos y hasta la historia de la pintura de El Señor de los Milagros en Misterios del Perú.

No es casualidad que Briceño admire la trayectoria de Jorge Gonzales, la estrella de Los Prisioneros, alguien de quién ha absorbido su postura irreverente y su gusto por utilizar el coro de una canción pop no para decir cuánto un hombre ama a una mujer sino para decir que “muevan las industrias”. De la misma manera Briceño esquiva aquel lugar común y utiliza la mejor parte de una canción para decir “A mí que me importa que Europa esté en crisis”.

ases-falsos

Chile es un país de conflictos sociales y una historia política violenta con demasiadas heridas abiertas y  en donde casi no hay espacio para el disimulo al momento de tomar decisiones de opinión. Sobre todo en los jóvenes. En ese contexto y teniendo en cuenta que se trata de un artista arisco y nada complaciente, Briceño elige la postura radical. En algunas de sus entrevistas ha soltado la idea de que es necesario un golpe de estado, la lucha armada o el regreso de un sistema socialista. Las declaraciones pueden parecer un tanto irresponsables pero deben ser entendidas en un contexto en donde las cosas tienen que decirse con contundencia o mejor no decir nada. En su canción biográfica Estudiar y Trabajar, Briceño nos dice “No soy y nunca seré, un artista nacional, no te voy a rebelar un frágil mundo interior, solo te voy a sacudir”. Eso es lo que hace y eso es lo que consigue.

 

Cuando le preguntan sobre cuáles son las bandas más importantes del pop chileno actual Briceño siempre se hace el desentendido y prefiere pasar de largo. Parte de su escencia es mantenerse al margen. Pero está claro que es consciente que su nombre resuena cada vez más en Chile como una de las voces más originales e importantes de su escena independiente, aquella donde Gepe, Javiera Mena y Alex Andwanter ya han conseguido una trayectoria respetable. Si en unos años la figura de Briceño no ha alcanzado mucha mayor popularidad se tratará entonces de una injusticia.

 

 

 

 

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