Diosque – Constante

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Una noticia que celebramos en minúscula es la posible visita del argentino Diosque a nuestro país para el Lima Pop Fest en el mes de octubre. Y la celebramos porque estamos convencidos que se trata de una figura interesante dentro del panorama del pop latinoamericano. Dueño de un estilo propio al que debemos momentos de intensa emoción y cuidado lirismo. Forjador de un disco que bien podría ser considerado la gran obra maestra de los últimos años en el mundo del pop. (Nos referimos a Bote, su segundo LP). Poseedor de una sensibilidad seductora debido al caos revestido de ternura que coge elementos de una nostalgia personal y una melancolía imposible de superar. Lúdico y poético. Manipulador de texturas sonoras endemoniadas, como salidas de una mentalidad contradictoria y errática, pero embalsamadas en un ropaje conmovedor de fragilidad. Casi un genio. Casi.

Hace unas semanas Diosque publicó el disco Constante (2014), a través del sello chileno Quemasucabeza y la recepción del mismo ha obtenido reacciones dispares. Por esa razón, haciendo uso del recurso democrático, publicamos un texto a favor y uno en contra para que los lectores saquen sus propias conclusiones.

(En contra)

Algo no está funcionando bien
Por David Tipto Motta

La alegría que nos causa su llegada a Lima no cambia en nada nuestra sensación de sentir cierta desazón al terminar de escuchar los diez temas que conforman su reciente lanzamiento: Constante. Y es que con este disco no se haya nada de la palpitación que tiene I Can Cion ni la magia musical de Bote (sobre todo y sobre todas las cosas, por los siglos de los siglos: Bote). Lo advirtió en una entrevista que nos ofreció meses atrás. Sin embargo, no se esperaba algo tan distante y poco inspirador. Diosque en este disco no se despoja de su habitual inquietud musical pero se siente más controlado, menos juguetón, por momentos maniatado a la idea de hacer canciones compactas; otras, llenas de ritmo, casi bailables (acá las bailamos porque nos gusta el movimiento, no necesariamente los temas) pero que no terminan de provocar ni mucho menos cautivar. Siendo así, se difuminan en el olvido.

El disco abre con Fuego, un tema que bien podría sonar en cualquier Festival de los 7 Mares y hacer bailar a jovencitos que levantan el discurso de la posibilidad espiritual en su iPod, claro que en el caso de este músico las letras siguen siendo muy personales y es algo que se puede destacar todavía; sin embargo no llegan a tener el protagonismo de antes. Una naranja continua por ese sendero y hasta ahí uno ya empieza a sentir que algo no está funcionando bien. La Cura, fue uno de los sencillos promocionales del disco y nunca tuvimos la mejor de las impresiones. Soy las seis, al menos levanta un poco la emoción hacia su final pero no termina de encumbrarse (hay que escuchar la contenida y densa versión de Cancioneira). Poco a poco se extraña la sensibilidad del disco anterior y la urgencia de regresar a él. Con La Verdad Rota y Arriba se asienta el desinterés y el disco parece forzado, su audición también. Broncedado gusta y la cosa mejora contra todo pronóstico. Es un tema al que se puede volver siempre. Vienen dos temas más pero es mejor prestar atención al cierre con el tema Río, que nos entrega al Diosque que tanto gusta. En Río las palabras provocan y surgen como si viajaran sueltas dentro de una cadencia que se termina de armar en un cauce de chispazos musicales evocadores. Un formato de canción donde está contenido lo mejor de su autor. Por su vuelo sonoro, recuerda a esa belleza llamada Ropa Prestada (exacto: incluido en Bote). En este tema se encuentra el Diosque que esperamos regrese y nos permite creer que aún queda mucho por escuchar de él. Paciencia.

Confieso que intento pensar que el músico argentino quiere otorgarle una ráfaga de frescura y ritmo a sus temas. Tal vez lo logra pero las canciones no se imponen. Quisiera creer en el discurso de que se trata de un disco futurista y de que no estoy preparado para tamaño riesgo e innovación de su estilo. Pero no puedo asumir esa posición. Se dice que las personas somos esclavos de nuestras palabras. En minúscula somos esclavos de nuestras emociones y este disco produce indiferencia. Tal vez con el tiempo me coma estas palabras y me sienta obligado a públicas retracciones. Por ahora Constante esperará un tiempo dentro de los discos pendientes para escuchar con mayor esfuerzo, atención y probablemente con cierto condicionamiento. O sea, todo lo que las verdaderas canciones bonitas no tienen que esperar para gustarnos.

Saquen ustedes sus propias conclusiones y eso sí, escuchen sus dos discos anteriores. Más vale conocerlo por todo lo que ha realizado anteriormente que por la maquinaria de la influencia discográfica y del entusiasmo bloguero, que a veces falla.

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(A favor)

Positivo y estimulante
Por: Álvaro Díaz Dávila

La regla parece ser esta: A mayor nivel de experimentación, mayor es el riesgo de obtener resultados desiguales. Con Constante, Diosque quiere pasar de ser un chico introvertido a un jovencito que sabe moverse y pasarla bien; y es comprensible que ese traspase genere un poco de confusión. Está claro que él quería un disco distinto, y aunque el resultado tenga tantos aciertos como flaquezas, al final el atrevimiento es positivo y estimulante. También es cierto que su anterior disco, Bote, sigue siendo superior; y lo es por su magia, por su  melancolía anestesiadora. Con Bote se conecta de manera profunda con nuestra intimidad dolorosa y pareciera que en Constante Diosque ha decidido evadir esa responsabilidad. «Hacémela corta, porque no tengo tiempo» dice en la letra de Bronceado y agrega «prefiero esta vez hablar solo del amor» en La Cura. Es verdad, en su nuevo disco fluye un aura positiva, unas ganas de cantar «soy un hombre vivo». Sin embargo no podemos acusarlo de frivolidad. Porque más allá de su coqueteo electro-cumbiambero, el uso de los sintetizadores que juega con el tecno y el dance y, en fin, todo esa atmósfera de “bailanta argentina”, Diosque sigue expresando fragilidad y ternura infantil, es decir, se sigue sintiendo aquel sufrimiento e inconformidad que fluye por debajo de sus canciones. Es, como reza uno de sus temas, un «río que no sabe ser río». Y eso sigue generando, a mi parecer, una conexión intensa que no podemos pasar por alto o aligerar.

Constante es también un disco exigente, escurridizo.  Las canciones son un mix de géneros que hacen que cada tema sea inclasificable y sus letras siguen teniendo una potencia lírica que hace que muchas de sus frases sigan retumbando en nuestras cabezas. La cura fue el primer adelanto del disco y además de ser la más festiva y bailable (Ojo, bailable en clave Diosque, es decir, “me siento feliz pero también estoy triste”) es también una declaración de principios del estado de ánimo en cual fue compuesta «Debo confesar que esas cosas que dicen del amor últimamente parece que son verdaderas». Esta frase, entre irónica y confesional, refleja la intención del artista de ir por un camino que antes se había negado a sí mismo; es como si se otorgara una licencia para sentirse bien y la música de la canción expresa lo mismo. El resultado es energizante y divertido, dos adjetivos que difícilmente podríamos referir a su disco anterior. En el segundo lugar de mis preferencias está Una naranja, una de las que mejor ejemplifica el estilo mezcla de pop juguetón y densidad del que está compuesto Constante. Aunque lo mismo podríamos decir de Fuego y Bronceado (que me hizo recordar a Daft Punk). Pero que como dije al inicio, el disco es también irregular y canciones como La Verdad Rota, Arriba y El típico secreto se me hacen un tanto redundantes y cansadas y parecen extender innecesariamente el disco. Y aunque la mayoría de canciones son una vuelta de tuerca en su estilo, hay otros temas que nos hace recordar al Diosque que ya habíamos conocido, como son Soy las seis, Quise minutos y Río.  Melodías densas, delicadas y compasivas frente al propio caos y angustia. Es cierto que Constante está lejos de la perfección, pero es sin duda un disco notable que no puede pasar desapercibido. Como afirma Eric Olsen para la web Bonsai Clara «Constante se la pasa experimentando con apretar tantos botones a la vez que es imposible no errar algunos, pero cuando acierta lo hace como ningún otro». Asi que invitados están, y como afirma el mismo Diosque: «El que quiera venir, que venga conmigo arriba, y con la imagen satelital de la nada, voy a subir, vas a venir, bien de noche».

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