Diosque – I can cion

La subversión lúdica

Ha pasado más de una década después de la publicación de I can ción, un disco esencial que significó el punto de partida del lúdico y experimental músico argentino. /// Escribe: Manuel Ramos Van Dick.

Todo comenzó en Tucumán, en la segunda mitad de la década de los 90, cuando grupos como Los Chicles, Estación Experimental, Águilas Panamericanas de Oro o Personality Crisis, influenciados por los trabajos del rock más clásico, el noise de Sonic Youth,  My Bloody Valentines, Yo la tengo y la música electrónica,  inician una serie de grabaciones y conciertos esporádicos, pero importantes para el trazado de un camino posterior más prolífico.

Estas experiencias sirven de puerta de entrada o de salida -como se quiera- a un  reconocimiento más amplio y a una conciencia del trabajo musical más organizada. Las consecuencias: Norman Bates, Klemm, Aguamiel, Max y Lowery, Roquenzo, Michael Stuart, MonoambienteJuan Román Diosque. De todo este grupo de nuevos músicos, Diosque es el que probablemente ha alcanzado mayor reconocimiento por su trabajo solista (antes había tocado la batería en Personality Crisis).

En el año 2000, habiendo adquirido un sampler que le permitía independencia suficiente para elaborar sus proyectos, edita El arte de descomponer. Dos años después edita Sonidos roto, un disco virtual compuesto de cinco tracks, que aborda la electrónica desde el ruidismo, el ambient, fragmentos extraños, intervenciones de trompetas; en síntesis, recursos que anuncian la base de su estilo futuro.

I CAN CION

Con I can cion, editado por Sony en el 2007, logró captar la atención de la crítica y del público. Este disco producido por Daniel Melero,  es un conjunto de canciones de corta duración, con letras que utilizan texturas fónicas intercambiables y aliteraciones, y donde consolida las maniobras musicales de las que se venía sirviendo. En fin, experimentos sonoros y lingüísticos en una curiosa mezcla de pop rural y laboratorio electrónico. Sus trabajos confirman un talento ya poco discreto, pero sobre todo una actitud musical. Una actitud que revela su intención fundamental: la subversión lúdica.

El arte en descomposición  o el basural de Diosque

Un lugar deshabitado. Un bosque de árboles desgastados. Escondido varios metros atrás, un vagón rojo. No va a ninguna parte. O tal vez sí. Más cerca, una camper abandonado con placa ilegible. Cumplió un ciclo. Hoy nadie lo usa. En las lunas stickers antiguos. En el suelo restos rotos y retazos, una acumulación de ladrillos enterrando el pasto muerto, palos de madera, tierra seca.  Juan Román sube de prisa a un caballo estático. Una serie de elementos urbanos que han encallado en un espacio rural. Metáforas del residuo y del límite.

La música de Diosque es fronteriza, escapa de las pinzas de la clasificación, al igual que su estética. Ni totalmente folk, ni exclusivamente electrónica; el trabajo del argentino cabalga entre la canción, como la conocemos convencionalmente, y grabaciones electrónicas, como si se tratara de un mismo objeto: el objeto de la deformación.

La fugacidad de sus canciones, son explicitadas por el propio músico en sus títulos: adiós amigos, carrera de notas, a puro apuro. Sus (des)composiciones quieren terminar el concierto, apagar los equipos y largarse.

Mas allá de la evidente ironía, El arte de (des)-componer, que bien podría ser una metáfora de la escritura,  es la técnica del collage, del cut and paste, el arte de la combinación y del disparate sonoro.  Diosque nos brinda la pista: escucha mi música al revés o al derecho, no hay mensajes diabólicos pero si un trabajo de reciclaje, una recolección de lo descompuesto. En Basural confiesa: colecciono porquerías/ color, olor insano. Busco valor en el cartón /en el piso/la basura tiene un precio que no puedo dar.  En otra canción: hice mi primer hit, sentado entre brasas calientes, total los temas son como leña.

Pero la descomposición se convierte también en proliferación de melodías. En palabras de Sarah Vacher: “es un puzzle de sonoridades (…) que exigen una escucha multidireccional”. No solo son despojos de letras, sino también residuos, fragmentos sonoros en conglomeración. Estos son los rasgos principales del cubo mágico diosqueano:

experimento = juego = descomposición =retroalimentación: más juego

Dicho esto la música de Diosque no es original. El sonido de su guitarra o incluso sus trabajos con el sampler, por ejemplo en sus últimos discos, puede ser perfectamente una reminiscencia y un homenaje a Tanguito mezclado por la oscuridad electrónica del profesor de filosofía Jhon Maus o ciertos recursos de los Animal Collective del Sung Tons, aunque sus verdaderas referencias o inspiraciones floten entre Luis Abanto Morales, Los Destellos y el grunge.

Con todo esto, ¿quien quiere hacer algo nuevo, cuando hay tantas cosa del pasado por reconstruir y descomponer?

* Este es un texto inédito escrito en el año 2008 para un proyecto editorial que no salió a la luz.

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