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“Me gusta eso de arruinar las cosas”

Juan Román Diosque es un músico argentino con un universo propio, lúdico y desgarrador que vuelca en letras y melodías intensas y memorables. Conversamos con él a propósito de su nuevo disco y sobre por qué todas sus canciones se parecen a él //// Escribe Romina Zanellato

El juego es algo muy serio. Romper un sonido, mezclarlo, experimentar con texturas, olvidarse de la conciencia, entregarse a la búsqueda. El arte, como dice él, es para los arriesgados, para los atrevidos. Jugar es su vida.

Diosque habla con voz tímida, como un niño. Se ríe en tono bajito y achina los ojos. En Buenos Aires hacen 38° de sensación térmica, la lluvia amenaza en el cielo, los mosquitos salieron en horda desesperada a picarlo, le sangran los tobillos, le salieron ronchas. Se rasca, se sirve cerveza.

“No me imagino decir que un poeta es mejor que otro. Y creo que el arte es bastante una dictadura: es o no es arte. Si pensás entran los prejuicios. Si hago un esfuerzo puedo separarme del pensamiento pero siempre está ahí. Creo que el arte es arte y que no hay que pensarlo tanto. Yo trabajo con bastante brutalidad, no pienso tanto, pero por ahí después sí”.

Hace diez años que Juan Román Diosque partió desde Tucumán hacia Buenos Aires, detrás del fuego.  Trabajó en una oficina a tiempo completo, después a medio tiempo, ahora sólo se dedica a la música. Daniel Melero, el padre de la escena under argentina, lo produjo en su primer disco I can cion, un experimento que editó Sony. La fórmula no se repitió para Bote, disco físico que sólo editó el sello peruano Plastilina Records. Ahora vive en las afueras de la ciudad, tiene una casa con patio. Está todo el día pensando en sonidos, palabras e imágenes.

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Tiene un cuaderno donde anota lo que piensa, ya sea en forma de frases o poesía. La computadora es igual que la guitarra, un instrumento, tal vez sólo un canal. Con ellas realiza la búsqueda de la melodía, hasta que la encuentra, y aparece el cuaderno para develar una letra. No hay métodos, no hay disciplina. Hay poesía por un lado, melodías por el otro. Lo único permanente es grabar.

Diosque graba todo. Tiene guardadas canciones que hizo diez años atrás, en Tucumán. A veces las recicla, le rompe el sonido, las desfigura. O no, a veces también las deja exactamente igual, y las sube al soundcloud, su gran caja de experimentación. Las cuelga ahí, a ver qué pasa con ellas. En estos días superó las cien mil escuchas. Entonces sí, ahí pasan muchas cosas.

“Es como un diario íntimo musical, son como mis papers, como un twitter también. Cuelgo cualquier cosa en soundcloud. Bueno, no cualquier cosa porque hay un filtro, tengo muchísimas cosas más que no subo. Tengo mucha inquietud, quiero que me escuche mucha gente”, dice.

Cuando habla cambia, dice y se desdice, borra en la marcha, piensa. Está distraído. Capaz sea el calor que agobia o la cerveza helada que calma. Todo lo va cambiando, como a las canciones. En un momento dice que son todas una lengua viva, que crecen y se modifican; después responde que sí, que hay canciones que considera cerradas, que no pueden reversionarse.

Vacila un poco más: “Cuando toco en vivo a veces hago todo distinto. A veces toco sin banda o sólo con un baterista, sin ensayar o con un solo ensayo. Por eso no me va tan bien en vivo, porque voy al riesgo. Me gusta el riesgo. Ahora quiero dejar un poco eso, quiero tocar con la misma banda siempre. Creo que no voy a poder dejar de ser así pero quiero probar”.

La banda está compuesta por algunos de los miembros de Michael Mike y otros músicos tucumanos. Comenzó como una reunión para grabar el disco pero la admiración mutua y la química lograron mucho más. Hay varios temas en el disco que Diosque está grabando que son de composición compartida con la banda. Además, después de mucho tiempo, saldrá a tocarlo con los mismos músicos con quienes grabó los temas.

¿Y cómo es el disco nuevo? Parece que fuera un secreto que no quiere develar. Dio algunas pistas: no es lofi como I can cion, su primer disco, y tiene más relación con el segundo, con Bote, porque está siendo grabado en un estudio con baterías de verdad y músicos de carne y hueso. Los soniditos quebrados estarán, porque estará Diosque: “Está lleno de baches e inquietudes que me encantan meter, cosas rotas pero con otro sonido”.

La descripción es así: más lírica, una poesía diferente a Bote, hay amor por la poesía misma, ya no hay letras de ruptura y soledad, la composición está en un estadio posterior al del desamor, ahí cuando uno se va amigando con la vida. Diosque dice que el disco tiene un carácter más fuerte que los otros dos. No hay canciones suaves, hay más sintetizadores con bombos en canciones con mucha poesía. Como en el tema La verdad rota:

Ahí venga la luz del día/

trae la otra parte, la florecida.

Ay como voy a saber /

si un lago en la baldosa/

es la verdad rota.

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Tal vez en marzo estará listo, no lo sabe, tampoco se presiona con el tiempo. Vive libre y despreocupado de ese tipo de formalidad. Tiene en claras algunas cosas: lo va a tocar mucho, va a ir a Perú en el invierno, lo va a largar por su sitio web.

“La autogestión es todo. Está bueno que hagan las cosas por vos, que te apoyen, pero no tengo otra manera de hacer las cosas que no sea la autogestión, con los intereses musicales que yo tengo. No estoy para montarme en un escenario y cantar a lo Christina Aguilera. Yo busco mantener la investigación, la experimentación, me gusta esto de arruinar las cosas”.

Ese arruinar es, en realidad, crear. Crea música, crea poesía, crea fotos, crea videos, crea una mirada, todo el tiempo. Tiene un blog en tumblr con fotos de perros cogiendo en la calle, de ventanas fuera de foco, de sombras que van y vienen. Son como recortes visuales de un mismo hacer poético. Todo eso es una obra grande como lo que él es como hombre, como lo que quisiera hacer durante toda su vida.

“No lo hago por diversión, es mi estilo de vida. Me gusta ver lo que está más allá de la superficie. Soy muy activo, escribo todo el tiempo, me gustan muchas las fotos, no creo que haya fotos feas. En el tumblr somos todos iguales, todos podemos sacar fotos hermosas”.

Las misiones son claras: escribir un libro de poesía, grabar música, filmar sin parar. Ahora, después de varios kilómetros recorridos junto a su amigo músico, Guazuncho, le está grabando un video de todas las imágenes que juntó en las giras con él. Un video a su estilo, su primero.

“Me encanta la tecnología porque me encanta la naturaleza, creo que la tecnología la imita, en algún punto. Se asemeja cada vez más a la perfección. Todo lo que nos rodea es tecnología y naturaleza a la vez. Me encanta la tecnología e internet, más para los curiosos que queremos saber todo y moriremos sin saberlo. Creo que internet tiene algo fatal, no podes ir en contra de ella, integra el trabajo y la diversión. Estás trabajando y divirtiéndote al mismo tiempo. Me doy cuenta cuando compongo.

Sus canciones son tímidas, suaves. Usa juegos de palabras que encajan perfecto con su voz dulce, lúdica. Su fórmula de ruidos rotos y poesía fresca se repite como un sello inigualable en sus dos discos. Ahora, mientras encara el tercero, se reafirma en su creación. “Antes me ponía mal cuando notaba que algo se parecía a otra cosa o cuando yo me parecía a mí. Pero ya no. Ahora estoy desprejuiciado. Ahora pienso que si mis temas entre ellos se parecen es porque soy yo. Pienso que todos mis temas son iguales a mí al final”.

Lo dice así porque ahora ya está más grande, como dice él mismo en varias oportunidades. Ahora hace balances de carrera, tiene metas. Aunque trata de no pensar mucho en eso, es desligarse de la razón a la hora de crear, sabe que de pocos recursos puede hacer una hermosa canción y sólo eso le importa. “Pase lo que pase y tengas lo que tengas la poesía va a salir de alguna manera. El proceso es secundario a la creación”, y después, para seguir en la contradicción permanente, el lema: “Pienso porque no paro de pensar”.

*Fotografías por Romina Zanellato

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