él mató a un policía motorizado

Un huracán que estalló por dentro

Así vivimos la inolvidable presentación de la banda argentina El mató a un policía motorizado en Lima //Fotografías de Alicia Slater Gayoso

Una hora después del concierto, Santiago Motorizado esperaba agazapado afuera del local entre las sombras de unos árboles mal distribuidos en una estrecha calle de Miraflores. Lo rodeamos con una mezcla de entusiasmo y temor. En el escenario, él suele reflejar una imponencia anatómica que parece explotar cósmicamente, pero ese momento expresaba todo lo contrario, parecía como si pensara en sí mismo, como si estuviese intentando asimilar lo sucedido, sereno. Nosotros sabíamos que nuestros acercamientos iban a desconectarlo de ese momento y casi no daba ganas de molestarlo. Ahí era un chico como nosotros, que al final de una vorágine de energías reflejaba cansancio y resignación.

Se suponía que me había preparado para realizarle una entrevista -que jamás se concretó- para esta web pero en ese momento solo podía expresar mi gratitud por la noche que vivimos. Gratitud por ese instante de felicidad que se extendió en cada estallido calculado de guitarras que comulgaban con los cantos mal entonados pero honestos de cada uno de los asistentes. Él mató a un policía motorizado nos dejó una noche inolvidable ese sábado. Todos estuvimos felices. Y en ese momento, cuando encontramos a Santiago esperando distante y solitario recostado sobre una pared, nos dimos cuenta de que también él lo estaba.

Días antes demostraron que habían venido a pasarla bien y a arrollarnos con todo su arsenal sonoro. En el concierto en Help! (que es una mierda de local, espero no tener que pisar nunca más ese lugar ni ser parte de su exclusiva clientela) estuvieron impecables. Impredecibles.

Pero en el concierto que se realizó el sábado en El Local, los cuatro integrantes estuvieron indómitos. Uno siempre espera con pesimismo los segundos conciertos, es inevitable pensar que la banda no superará la presentación anterior. Obviamente, esa expectativa sirve para consolidar el discurso pesimista después de la experiencia vivida. Sin embargo las expectativas quedaron atrás, porque en el escenario las superaron con millas de distancia. Iniciaron el set de la noche con este epitafio a modo de invitación: “Es la fiesta que te prometí”. Todos cantábamos girando de un lado a otro en un pogo endemoniado que no sé de dónde salió y que no paró durante la casi hora y media de concierto. “Navidad en los santos” fue el inicio perfecto para un concierto inolvidable.

Creo que muchos tuvimos la seguridad, al menos por un momento, que estábamos ante la banda de nuestras vidas. Y para los que fuimos a la presentación anterior, sentimos que el sueño se estaba repitiendo, y todo fue en ascenso canción tras canción. “No puedo creer cómo la gente cantaba Día del Huracán, era increíble, se la sabían completa y todo era demasiado enérgico… ¿Arriba?…arriba la cosa se sintió extraordinaria”, eso me dijo Doctora Muerte, baterista de la banda, emocionado en la cola del baño al finalizar el concierto. Y es que con ese tema se tiene que entregar todo. Se trata del huracán. Se trata de eso que conocemos y que negamos pero esperamos inconscientemente. La locura estuvo asegurada hasta el final.

Estoy seguro que la nostalgia y la melancolía son dos estados de fuerza contenida, una bomba de relojería que a la menor activación deja escapar toda la vida. Las canciones de Él Mató llevan esa energía contenida. “Mujeres bellas y fuertes” es un ejemplo de eso y si con las dos primeras canciones el público se desató, luego se desconoció. Los fluidos corporales se confundieron en una conjunción de abrazos desconocidos pero bienvenidos. Las siluetas daban cuenta del remolino que provocaban temas como “Viejo, ebrio y perdido”, “Nuevos discos” o “Chica rutera”.

Antes del final la banda se dio el lujo de ofrecernos los minutos más hipnóticos de su visita a Lima con una versión extensa y atmosférica de “El fuego que hemos construido”. Un tema que no tocaron en Help! y todos esperábamos con fervor. Cuando parecía que era el final la banda se animó a tocar una ronda más de canciones. “Terrorismo en la copa del mundo” fue sencillamente el cierre perfecto. Porque después de sobrevivir a un momento extremo, apocalíptico, qué queda: la contemplación. Y así se fueron entre aplausos, con las sonrisas cómplices de la gente, una alegría desbordante. Personalmente yo estuve feliz muchos días después recordando las dos noches. Durante el concierto sentía que esa energía me acompañaría por siempre, que ese recuerdo iba a revitalizar mi espíritu, que diría que estuve en los conciertos de Él mató en Lima como el sobreviviente a un hecho furioso pero lleno de amor. Es obvio que fue una ingenuidad, la realidad no siempre es propicia, ellos ya lo han dicho con sensatez, las cosas siempre marchan más o menos bien.

Fotografías de Alicia Slater Gayoso. Fotógrafa, Artista visual y Co-fundadora del Colectivo Senti2. Puede conocer más de sus trabajos en su web www.ladronesdeltiempo.blogspot.com

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