Fresán por Fresán

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Cada vez que publica un libro, el escritor argentino Rodrigo Fresán –por contrato con su editorial- le abre sus puertas a la prensa y responde preguntas. El hecho de que aquellas respuestas terminen siendo lúcidos e inteligentes proyectiles contra los convencionalismos y la mediocridad literaria no hace más que confirmar su trascendencia como escritor. Un faro al que hay que seguir para saber dónde estamos.

Este es un resumen de aquellas respuestas que han rebotado en los medios a propósito de la publicación su nueva novela, La parte inventada (Random House, 2014):

Madurez

«Con el tiempo uno se va volviendo más misántropo y más precavido. Uno entiende más a Salinger. Quiero decir, cuando uno es joven y lee a Salinger, uno sueña con cruzarse a Salinger y decirle algo; y a medida que vas creciendo uno sueña con cruzarse a Salinger y no decirle nada».

Escribir y Ser escritor

«Ahora, cada vez me gusta más escribir y menos ser escritor, entendiendo por ser escritor todo eso que es un escritor mientras no está escribiendo (o leyendo) y que implica viajar a festivales, ser rectangular caballero de mesa redonda, consultado sobre algún aspecto de la realidad como si contase con poderes oraculares o psicoanalíticos, y tener que explicar de qué va su libro nuevo con tres o cuatro ideas/frases que resulten atractivas tanto para un titular como para un periodista que, en muchos casos, no leyó ni leerá el libro en cuestión».

«Anthony Burgess decía que, de no mediar una de esas terribles enfermedades degenerativas, un escritor moría siempre en el campo de batalla. Es decir, nunca se alcanza la paz, nunca se llega a la perfección, nunca nadie te da un diploma que certifique que has alcanzado la cima de tu colina y has clavado allí, para siempre, tu bandera con tu escudo».

«Hay días en los que fantaseo con la existencia de un botón ON/OFF que te permitiese dejar de ser escritor por un rato. No solo dejar de escribir sino, también, dejar de ser y de pensar como escritor y poder preocuparse por asuntos como el libro electrónico y la crisis del sector editorial. Me pregunto cómo y qué se sentirá el no ser escritor. No tengo memoria de ello. Siempre quise ser escritor y, por lo tanto, siempre fui escritor».

«Misteriosamente hay mucha gente que quiere ser escritor pero no entiendo muy bien por qué. …a mí lo que más me asombra es que cada vez hay más gente que quiere ser escritor pero no quiere escribir, lo que quiere es tener el librito como Ken escritor o Barbie escritora como una cosa que se pone así en la manito como un accesorio y que buscan la vida del escritor o lo que piensan que es la vida del escritor. Y no es lo que piensan».

«Se suele decir que nunca se leyó y se escribió tanto como hoy día, estoy de acuerdo, pero añadiría que nunca se leyó y se escribió tanta mierda como ahora».

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La parte inventada

«…el protagonista es una versión extrema descarrilada, desaforada y atronadora de Rodrigo Fresán. Lo que hice fue preguntarme cómo sería yo de haber sucumbido a esa tentación tan adolescente de querer dedicarse única y exclusivamente a la literatura y no tener ningún tipo de anclaje emocional, sentimental, más allá de lo que se escribe y lo que se lee. El resultado es un poco monstruoso».

«… una autobiografía autista, que no aspira a contar la propia vida pero que se concentra autísticamente en dos o tres detalles e inventa a partir de eso. Y hay otra que dice que es como estos cuadros de Hopper que es un cuarto de Hopper pero, cuando abres el armario, sale chorreando un Jackson Pollock. Creo que esta novela tiene un poco de los dos, lo figurativo y lo abstracto».

La literatura y el compromiso social

«No creo que la literatura esté –a esta altura—obligada a nada. A diferencia de lo que sucedía en el siglo XIX –cuando la novela no sólo era distracción sino, también, instrucción absoluta y forma de conocer el mundo—, aquí y ahora que cada quien atienda su juego, haga lo que quiera, no hay límites. Eso sí, por favor –niños: eso no es ser ni vanguardista ni experimental- nada de andar escribiendo frases de ciento cuarenta caracteres máx., ¿sí?».

Clásicos

«Creo que el Ulises o En busca del tiempo perdido siempre han tenido la misma cantidad de lectores. Si ha aumentado es sólo por una cuestión demográfica. Siempre digo que lo que está en crisis no es la literatura sino el best seller, que cada vez está peor escrito. No hay comparación entre los vampiros de Anne Rice y los de Crepúsculo».

El único compromiso del escritor: el estilo

«El único recurso que le queda a la literatura en un época completamente digital es el estilo. Creo que abundan los escritores que simplemente cuentan pero no escriben».

«Creo que esa es la tarea del escritor, su función verdaderamente social: no conformarse con describir apenas lo que se ve, lo que ven todos, y ayudarnos a apreciar lo que se intuye poniéndolo en palabras. Y, de paso, para todos aquellos que no dejan de repetirlo con fervor casi religioso: si Shakespeare viviera hoy NO estaría trabajando para HBO. Tampoco para la BBC».

«La novela sirve para ser verdaderamente audaz, que no es lo mismo que ser vanguardista. El único lugar donde puede ofrecer batalla la novela a las otras artes es el estilo. No me refiero a los juegos tipográficos tipo La casa de Hojas sino la idea de contar algo de manera que sólo una persona puede contarlo, que parece la cosa más sencilla y no lo es. No se trata de enrarecer algo sino de, mediante el estilo, hacerlo tuyo. Esto pasa muy poco. En el cine, por ejemplo, ves una película de Wes Anderson y no puede ser de ningún otro. Los hermanos Coen o Terrence Malick, que es el que más quiere hacer literatura dentro del cine. El que más se acercó fue Kubrick, para mí la cumbre absoluta del cine de autor-escritor».

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Escritor pop

«La acepto, pero para mí no significa nada. Creo que ya Borges o Jane Austen eran pop. No hay mucha diferencia entre narrar al detalle una determinada danza de época y contar lo que sucede en un concierto de rock. La literatura siempre fue pop en el sentido de que su importancia social residía en dar respuesta a lo que ocurría popularmente a su alrededor».

Lector:

«Así es. Leo, luego escribo. Y, cuando escribes, no haces otra cosa que leer, que leerte. El acto de la escritura ya es la transcripción más lenta de letras que aparecieron en tu cabeza, como en una forma de auto-dictado de palabras flotando en algún cielo secreto. Curiosamente, cada vez hay más escritores que no leen o que no hablan acerca de lo que leen prefiriendo reservarse casi exclusivamente para la discusión de su propia obra. Misterio… A mí, cada vez me gusta más leer y, casi a punto del medio siglo de edad, ya comienza a inquietarme mucho la idea de que no llegaré a leer todo lo que querría leer y que, seguro, se me escapará un libro fundamental y decisivo para mi faceta como escritor y lector».

«Si no es complejo no me divierto».

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