Inside Llewyn Davis

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Balada de un hombre común

Algunas ideas sueltas sobre el azar, el destino y la desventura a propósito de Inside Llewyn Davis, la última película de los hermanos Coen.

How many roads must a man walk down
Before you call him a man ?
(Blowin’ in the wind, Bob Dylan)

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que pueda ser llamado hombre?. Esta primera estrofa de la canción de Bon Dylan puede resumir a Llewyn Davis –el protagonista de la última película de los Coen- y al dramático esfuerzo y desconsuelo de quien, en su recorrido por el reconocimiento, está empezando a perderlo todo. Él es un músico de Folk en la Norteamérica de 1961 y una retahíla de eventos desafortunados lo obliga a caminar al borde de sus propias fuerzas y posibilidades: su reciente disco no rinde ningún fruto, se entera que ha embarazado a la novia de su amigo, no tiene casa, ni pareja, ni dinero y duerme en el sofá de quien pueda ayudarlo. Llewyn está solo en medio de un frío que lo invade todo. Su único consuelo es tocar algunos fines de semana en un pequeño bar de Nueva York y recibir los aplausos de sus escasos asistentes. Después de todo, es un artista y quiere ser tratado como tal.

«Eso que está tan por debajo de nuestra dignidad resulta ser nuestro destino», dice Vila Matas sobre Kafka; y la comparación con el autor de La Metamorfosis es precisa por la cantidad de hechos injustos y ridículos que parecieran confabular en su contra. Llewyn Davis y su sensibilidad de músico adolorido merecen otro tipo de consuelo pero las circunstancias no hacen más que humillarlo, como si fuera víctima de constantes bromas macabras. Desde su mirada contemplativa y melancólica puede observar cómo todo acaba siempre por traicionarlo.

Pero no se desanimen. Porque aunque aparentemente se trate de situaciones tristes la película no quiere que sientas lástima por Llewyn. De hecho, se trata de una historia con varios momentos divertidos, donde la mala suerte no trasmite pena sino hilaridad y deleite. Esto en parte por el extraño sentido de humor de los Coen y también por la entereza emocional con la cual está construido el personaje. Llewyn Davis es un estoico y acepta su destino con resignación y buen temple. Nunca lo vemos que se eche a llorar, por ejemplo. La historia del hombre desafortunado que se enfrenta al destino ya la hemos visto antes en el cine, pero en esta ocasión se evitan los clichés y los sentimentalismos exagerados. No hay finales felices, ni recompensas, pero uno sale de la película con la sensibilidad reforzada, más atento a los extravíos propios del azar y más amigable y comprensivo con la desventura.

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Llewyn is the Cat

En una de las escenas iniciales, Llewyn deja salir de casualidad al gato de la casa donde se ha quedado a dormir la noche anterior. La situación le genera un dilema moral: lejos de su casa, con la puerta cerrada y sin tener con quien dejarlo, el gato puede extraviarse y morir. El gato se convierte en un simbolismo de la propia vida de Llewlyn. Un animal inocente a la deriva, sin nadie que lo proteja. A partir de allí él decide llevarlo consigo y cuidarlo hasta que pueda devolverlo. La preocupación por el gato le otorga el atributo de la ternura y la bondad. Sin embargo la realidad –como sucede con el propio Lewlyn- se ensaña en causarle dificultades que ponen en duda su responsabilidad. Si uno sigue de cerca la trayectoria del gato puede entender la vida del propio Llewyn. El gato está inquieto por salir, ser libre, perderse, y finalmente regresar. No por nada el gato se llama Ulises, que como el personaje de Homero también realiza un viaje para regresar a casa. De la misma forma Llewyn está constantemente viajando, yendo y volviendo, con la diferencia de que este no sabe cuál es su hogar, ni ha acumulado victorias ni sabe quiénes son sus enemigos. Llewys es contradictorio. De hecho, no representa necesariamente un paradigma moral, es mas bien un antihéroe. No es un mal tipo, pero tampoco es totalmente gentil: a veces es grosero, nervioso, impulsivo y envidioso. Aunque uno siempre termina por perdonarlo, puesto que tiene el alma trasparente: la pureza espiritual del derrotado.

Al final de la película, antes de salir del bar donde ha terminado de tocar, Lewlyn mira de reojo al nuevo músico que acaba de subir al escenario. Fueron apenas unos segundos en que pudo apreciar al jovencísimo Bob Dylan interpretando una de sus primeras canciones. Segundos después Lewlyn recibiría una fuerte golpiza que lo dejaría herido en medio un callejón desolado. La vida –como los departamentos donde viven los personajes de la película- es un pasadizo estrecho con solo dos puertas por atravesar. Adentro del bar la leyenda está por comenzar, afuera, el fracaso yace tirado en la vereda. Adentro Bob Dylan ha empezado a ser lo que Llewyn Davis nunca será.

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