La ola que quería ser chau

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«Estamos llenos de inocencia y amor puro»

Caos, voces raras, palabras gritadas, melodías alegres, tristes, absurdas. La ola que quería ser Chau es una banda argentina que ha hecho del ruido y el arrebato infantil la esencia de sus canciones. /// Escribe Romina Zanellato | Fotografías de Mariana Fuentes Zamorano

Definir es innecesario, mata la sorpresa, y La ola que quería ser chau pone todas sus energías en la fiesta. No definimos pero algo hay que explicar, una concesión se tiene que hacer. Tal vez sólo palabras sueltas: caos – alegría – brillos – ruido – amistad – humor. Sí, eso.

Buenos Aires está rápida y Migue explica con paciencia el devenir de la banda porteña que tocará el 18 de octubre en el Lima PopFest, junto a Diosque, y las Ligas Menores. Va a ser la primera vez que viajarán en avión. La primera vez que visitarán Perú.

«Empiezo por Feche», dice, y cuenta cómo nació su amistad con el baterista. Feche vivía en Mar del Plata, ciudad costera a 500 kilómetros de Buenos Aires, pero tocó en la ciudad con su dúo de noise. Migue los fue a ver y se encendió la chispa. «Yo en ese momento estaba experimentando en una búsqueda similar, encontrándome con esa libertad absoluta y locura que te despierta el ruido».

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Volvamos a Migue. Es la voz y es la guitarra de La ola que quería ser chau. También es el cerebro que organiza, que escribe, que conceptualiza la dispersión. Su carácter de acción se explica en la anécdota que llevó a que él y Feche tocaran en la misma banda: «En 2008 me quise ir de viaje y le escribí. La noche que llegué a su casa había una fiesta y tocamos. Pasamos muchas horas compartiendo pensamientos, música. Viajé muchas veces más. Al año siguiente tocamos en lo que se puede denominar la primera fecha de La ola».

Los demás se sumaron de a poco, de la misma manera natural, con Migue activando el magnetismo. Santi era la “chica” de vestido bonito que tocaba el bajo en Lache y que después vieron en un montón de sus shows. En 2011 se sumó a La ola como guitarrista y después pasó al bajo. Joaquín lo relevó en las seis cuerdas. Joaquín apareció una noche, en un camerín, después de compartir escenario y de llamar la atención de Migue. «Él cantaba los coros más fuerte que la música», cuenta. Sólo fue cuestión de tiempo hasta que integrara la banda y que llevara, en una mañana de trasnoche en el parque, a la última integrante: Agustina.

Estamos
cambiando
estamos
cambiando

Pensando todo el día en lo que hacemos
haciendo todo el día lo que pensamos
Pensando todo el día en lo que hacemos
haciendo todo el día lo que queremos

“Estamos”, del EP Entre un ladrón y una beba de seis meses, 2009.

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El ruido roto, el caos de platillos, voces raras, palabras gritadas, melodías alegres-tristes, absurdas. La ola cambia y manifiesta una generación, la que sólo va detrás de lo que desea, aunque no sepa muy bien qué sea. Todo lo que no es satisfacción, es anomia.

«Queremos abrazar a la mayor cantidad de seres vivos posibles en una vida humana corriente, y entrar al libro de los récords Guiness. Cualquier tipo de fama absurda nos seduce. Entre todos nos compramos una motito aunque ninguno sabe andar, pero aún así todavía ninguno tuvo la suerte de chocarla. Lo malo nos sale mal. Estamos llenos de inocencia y amor puro, así que vamos a empezar a aceptarlo y hacer todo lo bueno que podamos, hasta que ya no nos quede saldo en la tarjeta del colectivo para seguir moviéndonos como paranoicos ratones modernos».

La idea es cambio, no hay premeditación. ¿Qué te encontrás cuando ves a La ola? Algo distinto cada vez. El ruido es permanente, igual que el caos. A veces hay exorcismo musical, otras veces reina el orden. Tensión y energía, eso seguro.

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Si quieres escuchar más canciones de la Ola, vista su Bandcamp aquí

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