Mira Microbus, una película de Alejandro Small

La película dirigida por el arequipeño Alejandro Small se encuentra disponible para verse de manera gratuita desde la plataforma cinéfila Retina Latina, lo cual implica un excelente pretexto para volver a ver -y hablar- sobre este sorprendente mediometraje estrenado en 2014.

Pocas veces se ha visto en el cine peruano una película sostenida básicamente por conversaciones, y sobretodo que estas fluyan de manera natural, fluctuante y vertiginosa, dándole una solvente apariencia auténtica que resulta francamente inquietante. Los diálogos y las expresiones de estos cinco jovencitos son representativos de una clase media alta hastiada e inmadura. Expresiones que forman una especie de río que atraviesa toda la trama, pero sin que este se detenga o desemboque en algún tipo de desenlace que le de un sentido. Es decir, que su acierto radica en su carácter espontáneo y explosivo, la contemplación de un fuego que se expande y se extingue en 44 minutos.

Se trata pues de cinco chicos extraviados en la noche limeña, no en un sentido geográfico, sino existencial; y que comparten una actitud abandonada y triste, como si no tuvieran un propósito en la vida o como si hubieran perdido algo sustancial e irrecuperable. La belleza de las locaciones, un distrito de Miraflores que nunca lució tan onírico y desolador, le aporta esa estética inhóspita, como si estuvieran al borde de una oscuridad absoluta, en algún punto final donde llegan los últimos vestigios de luz.

Obviamente, no se puede dejar de mencionar a la banda sonora, conformada íntegramente por las canciones de Turbopótamos, aquel pop desquiciado y melancólico que encaja perfectamente con la actitud irresponsable de los personajes, y que hacen que Microbus parezca también un largo videoclip de esas canciones. También es importante entender a esta película a través de los posibles referentes del cine independiente naturalista a los que apela, como las películas de Ezequiel Acuña y José Ché Sandoval, las primeras películas de Richard Linklater, Harmony Korine y también, me atrevo a decir, el cine de John Hugues, sobretodo en The breakfast club.

Microbus es una película que respira frescura y adolescencia. La nostalgia de una época en la que uno se permitía perder el tiempo. La licencia de decir tonterías. La amistad como forma de hermandad. La torpe búsqueda de una identidad. La lucha por ser auténticos. Una historia que todos en algún momento hemos soñado con contar.

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